La península de Reykjanes es una de las zonas geológicamente más activas de Islandia y el primer contacto con la naturaleza volcánica del país para muchos viajeros, ya que aquí se encuentra el aeropuerto internacional de Keflavik.
Su paisaje está formado por campos de lava reciente, fumarolas, acantilados, faros, aguas termales, fallas tectónicas y costas batidas por el Atlántico. Es una región ideal para comprender la relación entre volcanismo, energía geotérmica y vida cotidiana islandesa.
Reykjanes funciona muy bien al inicio o al final de cualquier ruta por Islandia, especialmente cuando se combina con la Laguna Azul, baños termales, paseos costeros y visitas geológicas de corta duración.
El gran icono turístico es la Laguna Azul, situada entre campos de lava negra y famosa por sus aguas geotermales de color lechoso. También destacan Gunnuhver, el faro de Reykjanes, el puente entre continentes, Kleifarvatn, Krýsuvík y los paisajes volcánicos asociados a las recientes erupciones de la península.
La zona permite caminar entre campos de lava, observar fumarolas, fotografiar acantilados atlánticos y conocer una de las áreas donde mejor se aprecia la separación entre las placas tectónicas de Norteamérica y Eurasia.
Es una región muy útil para viajes cortos, escalas o extensiones de bienestar.
Reykjanes puede visitarse durante todo el año. En verano, de junio a agosto, los días largos facilitan recorrer la península con calma y disfrutar de los paisajes costeros con mejor luz.
En otoño e invierno el viento puede ser fuerte y el clima cambia rápidamente, pero las aguas termales resultan especialmente atractivas y existe posibilidad de auroras boreales en noches despejadas.
Primavera y otoño ofrecen menos visitantes y buenas condiciones para fotografía. La península está expuesta al Atlántico, por lo que lluvia, viento y niebla pueden aparecer en cualquier mes. Conviene consultar siempre el estado de carreteras y alertas volcánicas antes de desplazarse.