Shenzhen se extiende junto a Hong Kong, entre el estuario del río de las Perlas y las bahías de Dapeng y Daya. Su paisaje combina una arquitectura contemporánea marcada por el rápido desarrollo urbano con más de 260 kilómetros de costa, humedales, playas y montañas cubiertas de vegetación subtropical.
El centro permite acercarse a la transformación económica y cultural de la ciudad a través de museos, parques urbanos y barrios creativos. En la bahía de Shenzhen, los paseos marítimos conectan el perfil de rascacielos con los manglares que sobreviven dentro del tejido metropolitano.
Hacia el este, la península de Dapeng ofrece un entorno más natural, con senderos, calas y antiguos asentamientos. La fortaleza de Dapeng, construida originalmente durante la dinastía Ming, recuerda que la región posee una historia marítima muy anterior a su conversión en gran centro tecnológico.
La Reserva Natural Nacional de los Manglares de Futian protege uno de los principales enclaves naturales de la bahía de Shenzhen. Sus manglares y llanuras intermareales forman parte de la ruta migratoria Asia Oriental-Australasia.
Entre otoño y primavera pueden observarse aves acuáticas y limícolas, como garcetas, cormoranes, ánades rabudos y agujas colinegras. La espátula menor, especie amenazada, también utiliza habitualmente este humedal, aunque ningún avistamiento está garantizado.
El monte Wutong, cuya cumbre alcanza 943,7 metros, conserva bosques subtropicales y rutas con vistas hacia la bahía de Dapeng y Hong Kong. En la costa oriental destacan los manglares de Dongchong y los paisajes de la península de Dapeng.
La vertiente cultural incluye la fortaleza de Dapeng, un recinto defensivo iniciado en 1394 que mantiene parte de su trazado y arquitectura de época Ming y Qing.
De octubre a diciembre predominan condiciones más secas, temperaturas agradables y menor humedad, por lo que suele ser la época más cómoda para recorrer la ciudad y hacer senderismo. Enero y febrero son suaves en general, aunque pueden registrarse entradas de aire frío.
Marzo presenta tiempo cambiante. De abril a septiembre cae alrededor del 86 % de la precipitación anual: aumentan el calor, la humedad, las tormentas y las lluvias intensas. Junio-septiembre es el periodo menos recomendable para actividades costeras, por el riesgo de tifones, oleaje, cierres preventivos y alteraciones del transporte.