Los Fiordos del Sur de Groenlandia constituyen uno de los paisajes más espectaculares del Ártico y representan la esencia del país.
Profundos brazos de mar excavados por antiguos glaciares penetran decenas de kilómetros tierra adentro, rodeados por montañas de granito, glaciares activos y pequeñas comunidades inuit donde la vida continúa estrechamente ligada al mar.
A diferencia de otras regiones polares dominadas exclusivamente por el hielo, el sur de Groenlandia sorprende durante el verano por la presencia de praderas, valles cubiertos de vegetación y pequeñas explotaciones ganaderas que contrastan con los enormes icebergs flotando lentamente por los fiordos.
Los fiordos comunican pequeñas localidades como Narsaq, Qaqortoq e Igaliku, además de antiguos asentamientos vikingos que recuerdan la llegada de Erik el Rojo hace más de mil años.
Recorrer estos fiordos supone adentrarse en uno de los territorios menos alterados del planeta, donde el silencio únicamente se rompe por el sonido del hielo fracturándose o por el soplo de las ballenas que frecuentan estas aguas durante el verano.
La navegación constituye la mejor forma de descubrir el sur de Groenlandia. A lo largo del recorrido aparecen enormes icebergs desprendidos del Inlandis que cambian continuamente de forma y color según la luz del día.
Entre los principales núcleos habitados destacan Narsaq, rodeada de montañas y conocida por su ambiente tranquilo y sus coloridas casas de madera; Qaqortoq, la capital del sur de Groenlandia, con su puerto, esculturas al aire libre y edificios coloniales; e Igaliku, considerado uno de los pueblos más bellos del país.
Durante la navegación es frecuente observar focas descansando sobre pequeños bloques de hielo y, entre junio y septiembre, diferentes especies de ballenas alimentándose en los fiordos.
Las excursiones en kayak permiten acercarse silenciosamente a los icebergs, mientras que los senderos de la región ofrecen magníficas vistas sobre glaciares, montañas y valles de origen glaciar.
Los Fiordos del Sur de Groenlandia pueden visitarse durante todo el año, aunque la temporada turística se concentra entre junio y septiembre, cuando las condiciones de navegación son más favorables.
Junio marca el inicio del verano ártico. Los días son muy largos, la nieve comienza a retirarse de los valles y aparecen las primeras flores, mientras que los grandes icebergs todavía conservan su máximo tamaño tras el invierno.
Julio y agosto representan el mejor momento para navegar por los fiordos. Las temperaturas son relativamente suaves y existe una elevada probabilidad de observar ballenas, focas y aves marinas.
Durante septiembre el paisaje adquiere tonalidades otoñales y comienzan a aparecer las primeras auroras boreales. Entre octubre y mayo el invierno transforma completamente la región y la navegación depende del hielo marino y de la meteorología.