Las aguas del sur de Groenlandia albergan una extraordinaria riqueza biológica gracias a la mezcla de corrientes frías procedentes del Ártico con aguas más templadas del Atlántico Norte.
Cada verano, numerosas especies de mamíferos marinos llegan hasta estos fiordos para alimentarse aprovechando la enorme abundancia de plancton y peces.
Aunque la imagen más conocida de Groenlandia está asociada al hielo, la fauna constituye otro de sus grandes atractivos. Ballenas, focas, aves marinas y numerosos animales adaptados a condiciones extremas encuentran aquí uno de los ecosistemas mejor conservados del hemisferio norte.
La escasa presencia humana favorece encuentros muy naturales con la fauna, tanto durante las navegaciones como en las excursiones terrestres o incluso durante algunas inmersiones.
Entre junio y septiembre es frecuente observar ballenas jorobadas, rorcuales comunes, rorcuales aliblancos e incluso orcas, especialmente durante las navegaciones por los grandes fiordos.
Las focas comunes y focas anilladas descansan habitualmente sobre pequeños bloques de hielo flotante y en ocasiones se aproximan con curiosidad a embarcaciones y buceadores.
En tierra pueden observarse caribúes, zorros árticos, liebres árticas y diferentes especies de aves adaptadas al clima polar.
Los acantilados costeros albergan colonias de gaviotas tridáctilas, araos, eideres y otras aves marinas, mientras que las águilas marinas sobrevuelan frecuentemente los fiordos.
Toda esta riqueza faunística convierte al sur de Groenlandia en uno de los mejores destinos del Atlántico Norte para la observación de vida salvaje.
La fauna puede observarse durante todo el año, aunque la mayor actividad se concentra entre junio y septiembre.
Junio y julio representan el mejor momento para observar aves marinas y ballenas alimentándose en los fiordos.
Agosto mantiene excelentes posibilidades de avistamiento y suele coincidir con las condiciones meteorológicas más estables.
Durante septiembre continúa la presencia de cetáceos y focas, con la ventaja añadida de poder contemplar las primeras auroras boreales.
En invierno algunas especies migran hacia latitudes más templadas, aunque otras permanecen en Groenlandia durante todo el año, adaptadas a las duras condiciones del Ártico.